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"EL ESMELLE DE SAN JUAN"

(Texto publicado en el libro de las fiestas de Esmelle de 1997) 

Que aparentemente, viene siendo lo mismo que San Juan de Esmelle, pero sólo eso, aparentemente. El San Juan de Esmelle, es ese precioso valle de la afortunada geografía mariñana, con los verdes más increíblemente bellos, salpicados del blanco y rojo de sus casas unifamiliares, estratégicamente situadas, con sus huertas, sus frutales, sus leiras...Algo así como "la difícil modernidad del pasado", frase que me quedó grabada de un viejo amigo, pronunciada después de escanciar unas copas del delicioso Licor de Guindas, que aquí se hace como en ninguna parte. Y puesto a destacar, el de mi abuela Rosa, remedio "infaliblemente milagroso" que en mi juventud primera y por tanto etapa anárquica me daba en secreto para algún que otro inexistente dolor de muelas.
San Juan de Esmelle, como queda dicho "la difícil modernidad del pasado", es también el sabor a esquina atlántica, que es sabor a sal de mar bravo y sabor a manzana dulce. Y cambia de color por el ocre claro de la arena "como debe ser", que te ciega al reflejo del racionado pero elegante sol de sus veranos.

Pero el Esmelle de San Juan es mucho más. Cuando se aproxima el 24 de junio, los colores del paisaje exageran de lo lindo, adoptan complejo de manifiesta superioridad, y lo contagian a sus gentes, que olvidan los rifirrafes de la vida diaria, recordando sólo lo agradable, aunque mañana sea otro día..
El Esmelle de San Juan es la meta, la frontera de cada año para quienes están lejos y, puntuales, llegan a la hora de las luminarias. Huele a humo, hierba luisa, menta, manzanilla, espliego, lavanda... Sabe a callos y amistad, a patatas nuevas del color del oro, a bolla de patrón y a familia bien avenida... Y tiene el color de las guindas en sazón, de los cerezos a punto o de las aún verdes manzanas, siempre tentadoras y prestas a ser robadas, por muchas que tengas en tu casa. Y suena a campanas, a madrugadores "foguetes" que se hacen atronadores tras la "función", cuando el Santo se pasea por el frondoso atrio de la iglesia parroquial, húmeda y fría, solamente en lo físico, a hombros de los más decididos fieles. Pero sobre todo, el Esmelle de San Juan se siente, se vive, te emociona, y trae a tu mente la alegría de la añoranza que ha dejado de serlo para hacerse realidad.
Por todo esto, sabiendo las dificultades que entraña cada 24 de junio, doy las gracias íntimamente a quienes hacen posible que el ambiente festivo se traslade a todos los rincones del valle más hermoso del mundo. Eso es dar vida. ¡Felices Fiestas!

Antonio José Pedreira (Periodista)
Esmelle, 1947 .